Las 4 C que dejó el Campus Colombias a la economía creativa del país: Creatividad Colombiana, Cotidiana y Compartida

Cada día aparecen titulares, congresos, expertos y espacios sobre innovación, creatividad y economía creativa.  Sin duda es la macro-tendencia de la que todos hablamos. Gráficos, aparentes “fórmulas mágicas”, formatos, metodologías, libros y talleres.  Es crucial convertirlos en cotidianos y cercanos, pues dan la impresión de ser un asunto para unos pocos “sabios” y / o exigir grandes inversiones.

 

Por: Paula Trujillo (@PaulaTrujilloPT)

 

En la primera versión de Campus Colombias (2013), Ferran Adrià afirmaba en Bogotá que la creatividad y la innovación no es otra cosa que lo que nuestros padres definían como “ganarse la vida”. Con esta definición, nos invitaba a llevar la reflexión por el sentido de la creatividad incluso al ámbito de un carnicero. ¿Cómo tener mejores cortes de carne, cómo elegirlos más adecuadamente, cómo hacer más grata y experiencial la compra de carne o embutidos? Se puede innovar desde todos los ámbitos, y la carnicería australiana Victor Churchill parece haber encontrado una respuesta al ser definida por muchos como la mejor carnicería del mundo.

 

¿Cómo hacer entonces de la reflexión por la innovación en el campo de la economía creativa en Colombia y América Latina, temas cotidianos basados en la apertura y en el compartir, y en los que el ADN local sea el diferencial?

 

Mucho se habla del símbolo o la marca país pero,  ¿cómo llevarlo del discurso publicitario o turístico a una visión realmente común para todos los nacidos y/o habitantes de este territorio y que se traduzca en hechos, proyectos, servicios y en emprendimientos concretos y de todas las envergaduras?

 

El propio Adrià propuso una visión más elaborada si se quiere sobre la economía creativa y su vinculación al conocimiento, pero sobre todo al orden entendido como rigor, a planear, archivar y documentar. Prácticas que para quienes le conocen son las constantes en su vida, tan constantes como el horario en que él responde una llamada o un email, o la duración de una reunión de trabajo. ¡Nada en su vida es fortuito!

 

Aquella combinación de conocimiento y orden deben estar mediadas por la búsqueda de la eficacia y la eficiencia en cada innovación. A eso habría que añadir la apuesta contemporánea por la apertura y por compartir. Eventos relevantes a nivel mundial de arte, moda, arquitectura o diseño hablan de “open sharing” como constantes contemporáneas. Desde el software y el hardware libre pasando por las redes sociales en las que se comparte desde una opinión hasta la vida privada,  siguiendo por plataformas para alquilar tu casa, intercambiar un sofá durante los viajes, ofrecer una plaza en tu carro para un desplazamiento, cohabitar laboralmente en un mismo entorno o incluso espacios para compartir conocimiento durante 15 minutos y redes para hacer públicos los top secrets de la supuesta seguridad mundial.

 

Mientras en nuestro entorno seguimos obsesionados por las patentes, los derechos de autor, la propiedad intelectual o la reserva, en muchos lugares del globo empresas y personas entienden que en los procesos creativos cuando se comparte una porción se alcanza una propulsión mayor: la “ganancia” es más significativa.

 

A través de la co-laboración con socios estratégicos los logros son más amplios, el impacto es más profundo y los proyectos se hacen más sostenibles; situaciones gana-gana para las partes involucradas.  Estas ideas son particularmente ciertas para el campo de la economía creativa en Colombia y América Latina.

 

Por último en tal apuesta por la creatividad y la innovación el “sabor propio” es crucial. Brasil es un caso relevante al hacer de su ADN el eje de sus apuesta. Son los colores, los aromas, la luminosidad, su relación con la Amazonía, sus migraciones, ideologías, paisajes, etc., lo que dan la singularidad a sus famosas Havaianas pasando por el restaurante D.O.M. y siguiendo por ejemplo con sus candidaturas a los Olímpicos o al Mundial. Es valorar y valorizar pero desde una comprensión profunda que va más allá de los colores de la bandera, de una frase juguetona o de los lugares comunes.  Quizás lo mejor sea dialogar desde la pluralidad y entender que tal diversidad y multiplicidad es un buen caldo de cultivo para los procesos de la economía creativa en Colombia.

 

Las Cuatro C’s.

 

La primera versión de Campus Colombias (2013) dejó pues un mensaje simple, basado en cuatro C: Creatividad Colombiana que se vive de manera Cotidiana y Compartida.

Esto fue lo que se vivió en tres días en los que más de 1200 personas se dejaron motivar por el grupo de Inspiradores del Campus Colombias: Ferran Adrià, Toto la Momposina, Simón Vélez, César López, Mercedes Salazar, Mauricio Reina, el historiador Melo, Jorge Iván Ramírez, Isabel Henao, Fausto Moreno y Fernando Arias. Más de 600 de estos asistentes cohabitaron tres días en un campamento de creación en el que primero se preguntaron por la Colombia que los inspira para luego concentrarse y presentar 91 proyectos, propuestas y performances en el campo de la economía creativa.  

Seis finalistas fueron la mejor muestra de esas cuatro C. Andrés Carne de Reciclar nos llevó del territorio de las fiestas con sabor colombiano a nuevas alternativas sobre el reciclaje, mientras que Airbol nos enfrentó con el problema de la contaminación en nuestras ciudades proponiéndonos como respuesta una especie de “árbol que limpia”. Colombia Inspira se convirtió en la mejor evidencia de la pasión y la responsabilidad social en los emprendedores nacionales y Mundos recogió el rol de la gastronomía y la cocina dentro de la estructura familiar. Barcaza nos recordó la relevancia y a la vez el olvido al que hemos sometido a nuestros ríos, vasos comunicantes con potencial educador,  al tiempo que mediahorita.co nos invitó a todos a donar “medias horitas” en pro de causas valiosas.

Ejemplos concretos de innovación y creatividad, proyectos que además de aportar a la economía creativa en Colombia, fueron hechos con sabor a país, a lo que somos.