Ecosistema arte. Activos glocales para repensar 3 ámbitos profesionales

La conferencia inicial del Encuentro Ecosistema Arte – Edición América Latina, puso sobre la mesa una serie de planteamientos y cuestiones actuales y pertinentes. Dichos debates están vinculados con tres ámbitos particulares del Ecosistema Arte –tanto en su dimensión global como local– con los cuales el autor ha tenido relaciones profesionales cercanas: la producción artística, las prácticas curatoriales (curaduría o comisariato en arte), y las galerías de arte. El objetivo de esta presentación introductoria no fue otro que el de contribuir a comprender el estado de las cosas dentro de ese ecosistema de las artes visuales y plásticas.

 

Por Conrado Uribe (@conrado_uribe)

 

1. ¿Cuál es el estado actual de la creación y producción artística dentro del ecosistema arte?

 

“Crapstraction, Business Art, Commercialism, Arte Zombie”

 

Esta ha sido una de las dominancias actuales dentro del ecosistema arte en la última década: obras realizadas por artistas emergentes que imitan o semejan formalmente aquellas hechas durante las vanguardias históricas de la primera mitad del siglo XX, pero que adolecen de una falta de sentido y pertinencia con las demandas más profundas de la época. Son piezas –principalmente bidimensionales– que sólo responden a las necesidades más básicas del mercado, el cual encuentra en el exceso de ferias (fairtigue) y la aparición de nuevos coleccionistas globales algunas de sus características más evidentes.

 

Hay que decir, sin embargo, que el 2016 vio cómo el mercado de los artistas emergente, hiperinflado hasta el 2015, cedió terreno con respecto al de los maestros modernos. En buena medida, es una respuesta a las inestabilidades políticas y económicas que enfrenta el mundo con situaciones como el Brexit y la elección de Trump en EEUU. Está claro que el año que acaba de terminar vio un mercado diferente al que se había vivido en los últimos años. Y ante un panorama poblado de incertezas, los coleccionistas optan por asumir menos riesgos y adquirir obras de artistas con una carrera más probada.

 

Rápido y furioso

 

La velocidad se ha impuesto dentro del ecosistema general del arte y aparece como una adicción fatal que impacta en todos los niveles. Esta velocidad se reconoce no sólo en la explosión del número de actividades y plataformas –ferias, bienales, proyectos museísticos, exposiciones, residencias, galerías, espacios alternativos–, pero también en el modo en el que la cadena de producción de valor se ha modificado. Ahora, los trabajos artísticos pasan del estudio del artista directamente a la subasta sin hacer escala en las galerías de arte o en proyectos comisariados. Un escenario semejante tiene repercusiones para el ecosistema, pues conduce a una pérdida irremediable de las cualidades simbólicas e intelectuales de la obra de arte, y permite que sea el capital el que imponga sus normas en un mercado socialmente desfalleciente. Los artistas a su vez modifican sus modelos aspiracionales, pareciéndose más a los del fútbol o la música popular, lo que convierte a las obras en productos de consumo tipo “fast fashion”. En un territorio así, queda muy poco tiempo para la discusión y la reflexión. Y es por eso que la crítica de arte pierde terreno ya no con respecto a otras prácticas como la curaduría, sino que corre el peligro de transformarse meramente en noticias sobre arte.

 

Explosión y complejización. Un ecosistema arte inabarcable.

 

Así como ha habido un acelerado crecimiento en el número de ferias (se realizan alrededor de 300 por año en la actualidad, lo que deja una ratio de casi una feria por día a lo largo del ciclo anual), también el número de creadores, plataformas, museos, organizaciones, galerías, subastas, universidades y procesos formadores, han incrementado su número. Lo anterior se refleja en la multiplicidad y variedad de las escenas y los ecosistemas menores que conforman el gran ecosistema arte global. Dichos ecosistemas –regionales o locales– no sólo emergen todo el tiempo, sino que además se encuentran en constante cambio y transformación. Y para complejizar aún más el panorama, se observan sub-escenas dentro de cada uno de esos ecosistemas.

 

Ante tal nivel de abundancia, deberíamos cuestionarnos al menos dos cosas: ¿podemos pretender saber de arte hoy en día ante tal cantidad de contextos, producciones y artistas? La explosión es tal que podemos afirmar sin temor que somos todos y cada uno prototipos en relación dentro de un gran ecosistema arte con diferentes niveles. Y por otra parte, ¿es sostenible esta manera de crecer? ¿Hasta cuándo podrá crecer el ecosistema a este ritmo? ¿Es esta una evidencia de lo que podríamos denominar como un fenómeno tipo burbuja para el ecosistema arte global? Las respuestas que se intuyen es que muy posiblemente este ritmo de crecimiento no podrá sostenerse a la misma velocidad a la que ha tenido lugar en las últimas décadas. Como una reacción que ya se percibe, desde ecosistemas regionales se están gestando propuestas más implosivas, localizadas, más sectoriales (nichos) y menos masivas.

 

Forjando el futuro

 

Los artistas son unos cronistas sin descanso que analizan visual y plásticamente el mundo que nos rodea. Sus prácticas no se quedan silenciosas y pasivas frente a los múltiples retos que enfrentamos como especie, sean estos desafíos de índole ambiental, ecológica, política, social o económica. Pese a las características mencionadas antes como algunas de las dominantes en el ecosistema arte global –en las que se atisba un peligroso control del capital y el mercado de sus dinámicas–, los artistas se encargan de recordarnos que en el centro magmático de su práctica bullen el pensamiento crítico, el inconformismo político y la desobediencia civil.

 

En paralelo al mainstream determinado por el mercado y la abundancia de trivialidades, se desarrollan iniciativas que pueden levantar voces de protesta frente a los despotismos políticos; o que plantean la constante necesidad de promover la diversidad (sexual, de género, etc.); o que señalan sin temor la pérdida y daño a patrimonios culturales y ecológicos; o que incluso atraviesan la frontera que separa la estética de lo utilitario para ofrecer soluciones alternativas a problemáticas sociales, urbanas o ambientales. Los artistas no sólo plantean nuevas perspectivas con respecto a los hechos de nuestro aquí y nuestro ahora, incluso los más dolorosos, sino que nos invitan a pensar en un mejor futuro.

 

Una de las artistas que lo han hecho, es la cubana Tania Bruguera con su proyecto de Arte Útil, definido como una manera de trabajar con experiencias estéticas que se enfocan en la implementación del arte en la sociedad, donde la función del arte ya no es un espacio para señalar problemas sino un lugar desde el cual se crean propuestas y se implementan posibles soluciones. “Deberíamos volver al momento en el cual el arte no era algo que se veneraba, sino algo sobre el cual se generaba. Si es arte político, debe lidiar con consecuencias, y si lidia con consecuencias, pienso que debe ser arte útil.”

 

 

2. ¿Cuál es el estado actual de las prácticas curatoriales dentro del ecosistema arte?

 

Comencemos por reconocer que no sólo ha habido una explosión de este tipo de agentes en las últimas 4 décadas, sino también un uso abusivo del término: todo es susceptible de ser “curado” en estos momentos, y no sólo en lo que se refiere a las prácticas artísticas y culturales. Curador, curaduría, curar, han devenido en lugares comunes, palabras de cajón, para campos tan disímiles como la música, las artes visuales y/o representativas, y hasta para el mundo de la restauración.

 

El curador llegó a ser uno de los agentes más poderosos dentro del ecosistema de las artes visuales y plásticas, eclipsando en ocasiones las contribuciones de los propios artistas. En simultánea, los programas en estudios curatoriales también proliferaron, y hasta los proyectos comerciales –galerías, ferias, subastas– adoptaron la relación con este tipo de profesionales como un medio de otorgarle valor a su práctica.

 

En la actualidad parece que todo el mundo es –o puede– ser un curador. En definitiva, el término “curador” ha sido cooptado por muchos, tanto en el terreno del arte como más allá (o más acá). Pero así las cosas, ¿quién quiere ser un curador? Es posible que la curaduría haya alcanzado sus propios límites. Y que su exitoso expansionismo –plagado de frivolidades y esnobismos– esté conduciendo dicha práctica a su propio declive.

 

Es justamente esta doble situación de exceso tanto en el número de dichos profesionales como en el uso del concepto, lo que ha conducido a acuñar el término “curacionismo” (David Balzer) como uno de los últimos “ismos” artísticos. Y es este cansancio el que ha llevado a que muchos de los denominados curadores del ecosistema arte, re-adopten expresiones como las de “organizadores”, “directores”, “agentes”, o “autores” de los proyectos que organizan. La adopción promiscua del término ha conducido a que muchos se sientan formalmente constreñidos por su uso y decidan de manera deliberada no emplearla.

 

¿Qué le queda a las prácticas curatoriales, cuando la inteligencia artificial puede ya resolver los problemas básicos de la curaduría como la asociación de obras de arte por semejanza?

 

El debate más allá del uso o no de una palabra. No se puede perder el sentido que entraña la práctica de este tipo de agentes en tanto que investigadores y generadores de contenidos que crean narrativas desde, en y a través del arte; profesionales en los que se combina tanto un conocimiento de tipo estético e histórico, como una serie de capacidades para poner en escena dichos relatos. En sintonía con lo anterior, el curador enfrenta en la actualidad nuevos retos dentro del ecosistema, como es el de curar (revisar, organizar, atender, mejorar, activar, dinamizar) las infraestructuras que permiten la circulación de las prácticas artísticas, trabajando de maneras más horizontales, menos autorales y autoritarias.

 

 

3. ¿Cuál es el estado actual de las galerías dentro del ecosistema arte?

 

Quizás más que para otros agentes y plataformas dentro del ecosistema del arte, es necesario poner en valor el accionar de las galerías de arte, el cual se puede comprender como una serie de despliegues que se dan, al menos, en tres niveles:

 

  • Artístico: puesto que apoyan, divulgan, promocionan, difunden y promueven la producción y circulación de obras, propuestas e iniciativas artísticas.
  • Social: ya que inscriben y ponen en valor el trabajo de los creadores mientras activan la red profesional de actores implicados en los diferentes procesos de la circulación del arte. Al mismo tiempo, promueven mecanismos de educación informales o alternativos al familiarizar los públicos con las producciones artísticas e incentivar la escritura de discursos históricos y teóricos.
  • Económica: en tanto que promueven la inserción simbólica y mercantil de las obras y sus creadores al incentivar el coleccionismo particular e institucional.

 

El rol de las galerías en el ecosistema del arte actual va más allá de lo estrictamente mercantil. Estas plataformas han devenido en una suerte de laboratorios artísticos que van más allá de sus antiguos roles: ayudan a construir un sistema completo de valores para el arte, promueven la creación y contribuyen a la construcción de archivos de los artistas.

 

Sin embargo, algunos estudios recientes del mercado del arte global arrojan un diagnóstico según el cual, pese al crecimiento absoluto que ha mostrado el desde el 2008, el eslabón de las galerías pequeñas y medianas es frágil y tiene un futuro incierto. Ante este panorama, las galerías de arte deben plantearse una serie de cuestionamientos que pueden resultar vitales para su futuro inmediato:

 

  • ¿Por qué tantas galerías pierden dinero, pese a que el mercado del arte global ha mostrado un boom en los últimos 7 años? Los mercados en épocas de crisis favorecen los extremos del espectro. Las galerías medianas y pequeñas deben aprender a maximizar sus recursos para poder ser sostenibles.
  • ¿Cuántas y cuáles ferias hacer? Está claro que las galerías en la actualidad pueden hacer hasta un 70 % de sus ventas como resultado de la participación en ferias. Sin embargo, ante la proliferación y oferta abundante de, hay que identificar estratégicamente cuáles son las ferias más favorables para cada galería.
  • Con respecto al debate local Vs. global, ¿es la internacionalización absolutamente positiva? La globalización se parece más a la evolución de las especies como dijo Zigmunt Bauman, que a un propósito humano. La globalización económica es un hecho, y es por eso que ante la homogeneización que conlleva, los proyectos que logran diferenciarse son los que se destacan.
  • ¿Es posible crecer siempre con los mismos artistas? El modelo de galería tipo Leo Castelli, no parece ser viable en el presente y de cara al futuro. Los galeristas deberán enfrentar cada vez más las salidas y entradas de artistas, para lo cual se hace indispensable un programa con sentido, y unos acuerdos claros.
  • ¿Se están entrometiendo las casas de subastas en los campos de acción y mercado de las galerías de arte? La hibridación es una de las tendencias en el ecosistema. Los roles se hacen cada vez más difusos y las migraciones se suceden con frecuencia entre sectores que parecían separados. Las galerías de arte también deben aprender a hacer de agentes artísticos, productores y asesores.
  • ¿Atestiguamos una convergencia del mundo del arte y el mundo financiero? Saber de finanzas es un deber en un entorno como el del galerismo contemporáneo. Sin embargo, esta aparente convergencia entre arte y finanzas debe puesta en cuestión. No se debe perder de vista que la columna vertebral del ecosistema está conformada por una serie de valores –estéticos, históricos, filosóficos– construidos en torno a las obras de arte y sus aportaciones a la cultura.
  • ¿Cómo se pueden aprovechar mejor las tecnologías digitales (aplicaciones, plataformas de venta, portales informativos, rankings)? Las galerías, como cualquier otro tipo de emprendimiento y proyecto empresarial, están llamadas a los despliegues de tipo omnicanal. Si bien las relaciones inter-personales y las acciones off-line siguen siendo fundamentales para construir confianza con los públicos y coleccionistas, las herramientas digitales están ahí para complementar y apoyar dichas labores.
  • ¿Qué tan necesaria es la relación fija con el espacio físico? Para muchos, el carácter de una galería de arte sólo se puede comprender al completo en su sede física. Sin embargo, la movilidad y virtualidad también han llegado al territorio de las galerías como posibilidades reales. ¿Cómo pueden maximizar las galerías el uso de la infraestructura espacial con la que cuentan? A día de hoy, ¿es éste un requisito que se sigue conservando para aplicar a las ferias de arte?